Mario Reyes / mariobarriosigl@gmail.com
Después de más de medio siglo reposando en suelo extranjero, Guatemala se apresta a vivir uno de los momentos más significativos de su historia cultural reciente: el regreso de los restos mortales de Miguel Ángel Asturias, único Premio Nobel de Literatura que ha dado el país centroamericano. El anhelado retorno, que su familia atribuye a un deseo que el propio escritor plasmó en su obra, se concretará el próximo 15 de octubre de 2026, una fecha cargada de simbolismo para las letras nacionales.
Un viaje de 52 años
Miguel Ángel Asturias murió en Madrid, España, el 9 de junio de 1974, víctima de un cáncer. Desde entonces sus restos han descansado en el cementerio parisino de Père-Lachaise, uno de los camposantos más célebres de Europa, lejos de la tierra que inspiró buena parte de su obra literaria.
El regreso de sus restos coincide, no por casualidad, con el aniversario del nacimiento del escritor, con el Día del Escritor Nacional y con la fecha en que Asturias recibió la llamada que le anunciaba que sería galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1967. Una fecha triple, elegida con la intención de que el homenaje trascienda el simple traslado de restos y se convierta en una verdadera celebración de la identidad literaria guatemalteca.
El acuerdo que hizo posible el retorno
El proceso formal comenzó a tomar cuerpo el pasado mes de junio. Mediante el Acuerdo Gubernativo 104-2026, fechado el 23 de junio de 2026 y publicado un día después en el Diario de Centro América, el Gobierno guatemalteco instruyó al Ministerio de Relaciones Exteriores a realizar, a través de la representación diplomática en Francia, las gestiones necesarias para la repatriación, mientras que el Ministerio de Cultura y Deportes quedó encargado de disponer el depósito de los restos en el Centro Cultural Miguel Ángel Asturias.
La disposición fue firmada por el presidente Bernardo Arévalo con el propósito de conmemorar la vida y obra del Nobel. Sin embargo, la gestión diplomática no fue un trámite improvisado: autoridades del Ministerio de Cultura y Deportes sostuvieron reuniones en París para coordinar los aspectos logísticos, culturales y diplomáticos que harían posible el regreso, y el propio ministro Luis Méndez Salinas rindió una ofrenda floral frente a la tumba del escritor en Père-Lachaise junto al embajador de Guatemala en Francia.
Según explicó el ministro, el proceso ha atravesado distintas etapas y contratiempos desde que se planteó formalmente, pero fue en 2026 cuando se retomó con más fuerza hasta lograr avances sólidos para concretarlo.
El deseo de una familia y de un escritor
El origen de esta gestión no es reciente ni caprichoso. Ya en junio de 2024 se conoció que los restos de Asturias regresarían al país, y su hijo menor, Miguel Ángel Amado Asturias, relató entonces que, indagando en su poesía, su padre había expresado el deseo de ser enterrado en Guatemala.
La decisión responde a una petición formal de la familia, encabezada por su hijo Miguel Ángel Asturias Amado, quien manifestó públicamente el deseo de que el escritor repose en el país que inspiró su obra y su visión sobre la identidad nacional. De acuerdo con el ministro de Cultura, tanto el hijo del escritor como sus nietos coincidieron en que esa necesidad de volver estaba expresada en múltiples obras de Asturias, y que la decisión familiar fue comunicada formalmente al Estado guatemalteco y al propio presidente Arévalo en 2024.
Uno de los nietos del escritor sintetizó el sentido profundo de este regreso: sostuvo que la llegada de los restos permitirá mantener vivo el diálogo con el legado artístico de su abuelo y «nos hace más y mejores guatemaltecos».
Quién fue Miguel Ángel Asturias
Nacido en 1899, Miguel Ángel Asturias fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1967, distinción que lo consolidó como una de las voces más influyentes de las letras hispanoamericanas del siglo XX. La Academia Sueca le otorgó el galardón con la distinción de ser el primer escritor guatemalteco y el segundo latinoamericano en recibirlo.
Su producción literaria es, en sí misma, un mapa de la identidad guatemalteca. Su obra más célebre, El Señor Presidente (1964), está inspirada en la dictadura de Manuel Estrada Cabrera, que gobernó Guatemala entre 1898 y 1920. A ella se suma Hombres de Maíz, considerada la primera novela hispanoamericana del Realismo Mágico, y Leyendas de Guatemala (1930), su primer libro publicado, en el que recoge cuentos de origen maya. Más allá de las letras, Asturias fue también periodista y diplomático, y hoy es considerado una de las figuras más importantes de la literatura hispanoamericana del siglo XX.
Un homenaje que trasciende el traslado
El regreso de Asturias no se limitará a la ceremonia de inhumación. El ministro de Cultura adelantó que las actividades de repatriación iniciarán desde agosto, principalmente en escuelas y centros educativos, donde se promoverá tanto la lectura de las obras del escritor como el conocimiento de su vida y su legado; incluso se contempla que el Seminario de Graduación de los estudiantes de este ciclo esté basado en su figura.
El homenaje también tendrá eco en Europa antes del traslado definitivo: se acordó organizar actos de despedida en distintos espacios culturales del continente, un gesto que reconoce el vínculo que Asturias mantuvo con Francia y España durante buena parte de su vida en el exilio y la diplomacia.
En el plano editorial, el reencuentro con su figura ya había comenzado a gestarse meses antes. La antología Retorno, estar de paso, siempre de paso, publicada por la Editorial Piedrasanta junto con la Fundación Miguel Ángel Asturias y la Fundación Rozas Botrán, propone una reinterpretación de la producción poética del autor a través de ilustraciones, esculturas, fotografías y propuestas conceptuales, buscando fortalecer el sentido de pertenencia hacia su obra.
La fecha, el lugar, el símbolo
El ministro Méndez Salinas expresó su expectativa de que puedan resolverse los temas pendientes para que octubre sea, en sus palabras, «una verdadera fiesta alrededor de la repatriación», con la meta de que el 19 de octubre se concrete la inhumación en un espacio del centro cultural que lleva el nombre del escritor, en la Ciudad de Guatemala.
Ese espacio no ha sido elegido al azar: el Centro Cultural Miguel Ángel Asturias será el recinto que reciba definitivamente los restos del escritor, cerrando así un círculo entre el nombre que honra su memoria en la vida cultural del país y el lugar donde finalmente descansará.
Un momento histórico para Guatemala
Más allá del acto protocolario, las autoridades coinciden en que este episodio tiene un peso que va más allá de lo simbólico. Funcionarios guatemaltecos han señalado que el acontecimiento posee una profunda relevancia histórica para el país, al tratarse de una figura cuya obra trascendió fronteras y contribuyó a proyectar la riqueza cultural de Guatemala en el ámbito internacional. En palabras del propio Ministerio de Cultura y Deportes, el regreso de Asturias representa una oportunidad para fortalecer el vínculo con una de las figuras más influyentes de la literatura del siglo XX y reafirmar el valor de una obra que sigue siendo un referente esencial de la identidad cultural guatemalteca.
Cincuenta y dos años después de su muerte, y casi sesenta desde que su nombre resonara por primera vez en Estocolmo, Miguel Ángel Asturias está a punto de cumplir el deseo que, según su propia familia, escribió entre líneas en su poesía: volver a casa.
